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Voz en acción: Una sola voz - Tania Palacios Kuri.


7 de marzo 2019.


Soñemos con el México de las promesas cumplidas, pero primero entonces hablemos de las mujeres.


Los tiempos de nuestro país ruegan que la igualdad sustantiva de género sea una realidad y no un discurso gastado, que alude a la tragedia del pasado y desvirtúa los retos del presente.


Nuestra preocupación por las niñas y jóvenes del futuro nos ocupa a todos, porque la historia es un escribir constante de nuevas oportunidades para evolucionar. Y la búsqueda de la igualdad está en un peldaño más de la evolución, no en el piso final que se llama igualdad sustantiva.


La utopía es alinear el siguiente escalón de los derechos de las mujeres a los criterios y estándares internacionales.


Reconozco el trabajo de esta administración estatal en la materia, pero las mujeres no podemos solas, y los gobiernos tampoco.


Cuando aludimos a las palabras pobreza, inseguridad, rezago, por lo general la llama más fuerte quema a las mujeres, porque somos más vulnerables a este tipo de problemáticas, lo dice el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), lo dicen las estadísticas.


Sin embargo, estas problemáticas de ninguna manera son inherentes a la naturaleza de la mujer, todo lo contrario, estamos hechas para dar vida pero también a la vida política, económica, social, familiar, pública y privada.


Aprovechemos las fechas para reflexionar los asuntos que nos involucran a todos, a propósito del Día Internacional de la Mujer, pensemos en nosotras.


Lamentablemente se considera una efeméride más, un día en que se acostumbra felicitarnos por los dones que la naturaleza nos dio y por considerarnos bellas, frágiles y tiernas.

Se pinta de rosa una causa que es de todos los colores, no es de celebración en todas sus luces, es también de evolución.


Una causa donde estamos todos inmersos. La lucha por avanzar en materia de derechos de la mujer no discrimina por género, edad, nacionalidad, ideología. Es de todos.

Seguimos escuchando a mujeres hablar de mujeres, y este momento histórico también invita a los hombres a que se suben al barco.


Las conmemoraciones nos invitan no sólo a reflexionar acerca de la magnitud y múltiples vertientes del tema, nos obligan a crear y hacer y no sólo decir.


Me gustaría escribir que por fin veo hombres y mujeres unidos alzando una sola voz sin importar el género, defendiendo los derechos para todos. Ese será el día que no haya distingo y que los comentarios discriminatorios y el lenguaje sexista deje de tener que ser normalizado y que por fin los asuntos y problemas relacionados con el género dejen de ser un tema.


La fórmula es muy fácil, la palabra mágica, la única opción, el camino, el sendero, la puerta, el reto es sencillo y se llama respeto.


Creo que hombres y mujeres aun sin estar en las mismas condiciones, tenemos las mismas capacidades y podemos desarrollar las mismas habilidades.


Vivimos una violencia silenciosa pero evidente. Elocuente, profunda, porque tiene que ver con la formación, con la manera en cómo miramos el mundo.


Una de cada 3 mujeres en el mundo ha sufrido violencia física y/o sexual a lo largo de su vida y la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en el Hogar 2016 demuestra que al menos seis de cada 10 mujeres mexicanas han enfrentado un incidente de violencia, alguna vez en su vida.


Hagamos eco de todas aquellas voces que fueron calladas a la fuerza, que fueron silenciadas con violencia y que significaron el inicio de una larga lucha por alcanzar la igualdad y la equidad.


Hoy tenemos voz, tan sólo en la legislatura estatal tenemos mayoría también en voto.


La historia no se equivoca. La condición de la mujer se ha visto amenazada por actos violentos que indignan al mundo:


El 8 de marzo de 1908 mueren calcinadas más de 140 obreras en una fábrica textil de Nueva York que protestaban por mejores condiciones laborales. Ya saben la historia, el dueño las encerró y prendió fuego.


El 25 de noviembre de 1960, el dictador Rafael Trujillo, en República Dominicana, ordena el asesinato de las hermanas Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, mujeres que lucharon activamente por un cambio en su país.


Precisamente el 25 de noviembre es elegido por la ONU como el “Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres”.


No todo ha sido tan malo. Hay que reconocer que ha habido avances:


En 1920 la Constitución de Estados Unidos autoriza que las mujeres mayores de edad obtengan el derecho al voto; en 1945 Francia e Italia conceden el derecho al voto femenino; destacan Congresos como el que se llevó a cabo en 1923 en la Ciudad de México con más de 100 participantes mexicanas.


En 1935, durante la presidencia del general Lázaro Cárdenas, se crea el Frente Único Pro Derechos de la Mujer, el cual lograría agrupar a más de 50 mil mujeres. En 1955 las mujeres votaron por primera vez en los comicios de julio para elegir diputados federales.


Hoy las mujeres somos ingenieras, abogadas, construimos edificios, curamos enfermos, estamos al frente de una familia, de un grupo laboral; estamos a la altura de la toma de decisiones en la esfera pública y también en la privada.


A pesar de los avances de las mujeres en el sector educativo, en donde constituyen más de la mitad de la matrícula de maestría, con el 51.2%, de especialidades con el 51% o posgrados con el 50.4%, el porcentaje de mujeres en puestos de liderazgos y con responsabilidades directivas es de apenas el 29%.


La sobrecarga del trabajo doméstico y de cuidado no remunerado condiciona negativamente la actividad económica de las mujeres en todos los ámbitos: las mujeres dedican 59 horas a la semana, tres veces más que los hombres que dedican 22 horas promedio.


Algunos sostienen que los hombres también son víctimas de violencia y efectivamente tienen derecho a recibir atención como cualquier otra persona; desafortunadamente las estadísticas nos muestran que son más las mujeres que han sufrido violencia y que esto, representa un grave problema de salud pública, un asunto que debe atenderse de manera conjunta y transversal.


Posicionemos la palabra mujer, a la altura del reto, seamos conscientes de que nadie está exento de aportar a la palabra equidad.


Este 8 de marzo, menos flores y más campos de cultivo para la mujer.



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© 2019 Tania Palacios Kuri