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Detrás de la bata – Tania Palacios Kuri


Muchas historias detrás de esta historia. Hoy quiero contarte una, con mis letras, pero transcribiendo su voz: lo que pasa tras una bata.


Me hubiera gustado conocer al doctor Leopoldo en un contexto menos retador y en un trago más dulce. Aun así, las crisis profundizan las conversaciones y hacen más sólidas las conexiones humanas.


Lo conocí cuando, en conjunto con la Fundación Faith and Hope, hicimos un primer ejercicio de voluntariado para llevar comida al Hospital General de Querétaro para todo el personal médico, administrativo y de seguridad. Hoy ya se pretende convertirlo en una acción recurrente en impulso también a negocios de alimentos que puedan tener un día activo frente a un escenario de parálisis económica. En este momento que se ha convertido en un barril sin fondo, no cae mal activar lo que se pueda y alivianar la carga.


Acto seguido, tuve una video conferencia con este “héroe de capa blanca” que sintonizó conmigo desde esa oficina que se va convirtiendo poco a poco en cuartel de guerra frente al Covid-19: el Hospital General.


Al primer pensamiento previo que ocupó mi cabeza, le acompañaba la sensación temerosa de platicar con él, restándole segundos al tiempo para atender lo que hoy es una urgencia de salud; convertida ya en guerra perdida para 18 personas fallecidas por el contagio producto de una pandemia histórica.


Sin embargo, la plática fluyó como un respiro para los dos, uno de esos profundos, que alivianan el corazón y activan el sistema inmunológico de los motivos que trascienden.


Más allá de hablar de estadísticas, cuestiones técnicas o número de casos Covid-19, desatamos nudos de garganta. Nos fuimos meses atrás y me compartió la incredulidad de ver en las noticias el virus tan lejos de nosotros, pero tan cerca porque tarde o temprano llegaría. La globalización teje puentes enfermos también.


Los estímulos virtuales crean héroes como en las películas: doctores y enfermeros sin miedo, sin familia a la cual puedan contagiar, sin ganas de tirar la toalla o de romperse anímicamente, con fuerzas ilimitadas, perfectos para la batalla.


Y así es, son perfectos para la guerra, pero hay lágrimas de batallas internas detrás de cada historia, que no se cuentan. Me contó del miedo invasor de cuando recibieron al primer caso de Covid-19 en el Hospital General.


“Me tocó recibir al primer paciente. Todos teníamos miedo. Mi personal muy temeroso, nadie le quería entrar. No podía aflojar el paso aunque las piernas me temblaban. No dejamos de tener miedo. Una vez que el virus se extendió y llegó a México y Querétaro definitivamente nos dimos cuenta que no estábamos preparados. Ningún país estaba preparado. Sin duda se trataba de una situación especial, nada que ver con la influenza o cualquier enfermedad crónico degenerativa. Se trataba de un virus poderoso e infectocontagioso, al menos yo no quería reflejar mi miedo con mi familia ni con mis amigos. En Querétaro lo hicimos a tiempo”.


El miedo a lo desconocido es una herramienta evolutiva y así lo sienten nuestros protectores de vida y salud frente a esta pandemia.


Mientras escuchaba a Polo, me imaginaba en los pasillos del hospital, el disparo de emociones presente. Muchas luchas en una, un solo honor, el de la humanidad que se ve manifiesta en el ejercicio profesional en momentos de crisis.


El doctor Leopoldo no se considera un héroe, más bien se define como “un trabajador profesional que simplemente aplica sus conocimientos”. No cabe duda que la humildad y la gratitud no se pudieron ocultar ni del monitor que conectaba nuestra conversación. Se nota a distancia.


En el flujo de palabras, el silencio tomó su momento y dejó entrar a la melancolía arraigando un ligero sollozo al reflexionar sobre esta realidad momentánea pero incisiva.

“Ha sido una experiencia muy bonita, triste y emocionante. La familia se preocupa, te arropa, te da mucha fortaleza. Me mandan mensajes. Mi esposa limpia todo el tiempo, porque donde piso yo pisa el diablo (risas).”


Hablamos de mucho, de cómo el escenario de Querétaro demuestra que la anticipación es la madre de la precaución y la tranquilidad. En este caso, el tiempo ganado con las medidas gubernamentales, son vidas salvadas. Es poner en luz amarilla el semáforo y echar a andar la carrocería de las finanzas sanas, útil en estos tiempos.


El doctor me dijo palabras dignas de compartir. Me dio a conocer una capacidad sorprendente de hacer frente a las adversidades donde no queda exenta una sonrisa bien recibida.

Me demostró que hay gente que convive de cerca con el enemigo, ese que se esconde de la vista pero no deja de amenazar.


Traslado su frase a todas las profesiones que hoy se enfrentan a lo inconmensurable: “portar el uniforme con dignidad y cariño”. Los ataques y aplausos llegan por añadidura, porque la dignidad y el honor también son blanco de reproches de quien no los vive en carne propia.

Dejar la incredulidad es de seres conscientes.


A pesar de encontrarnos en una fase 3 de la pandemia Covid-9, para muchos la inconsciencia apremia hasta que no se trata del contagiado número X, sino de un familiar o conocido. Los demás son números, pocos para muchos, alarmantes para otros tantos, pero la realidad es que hay carne y hueso de por medio y no podemos dejar que se conviertan en expedientes.


“Esto es una realidad, no una novela. Nos anticipamos con muy buen tiempo y eso se agradece. Yo le pido a la gente que tome conciencia, que guarde distancia. Nos va ir bien. Cuando tenemos un deceso nos duele y hay amenazas, gritos y a veces golpes, pero tenemos que seguir adelante.”


Y siguió: “No somos héroes, somos profesionales que actuamos con todos los conocimientos. Reitero mi agradecimiento con el gobierno, estoy muy contento con el personal, desde limpieza, rayos x, administrativo. Todos estamos actuando con mucho corazón, con mucho profesionalismo”.


Querétaro, la batalla final esta en nuestras manos.

“Ese virus vino a perder su corona en Querétaro. Vamos a decir: Querétaro sí pudo”, afirmó el doctor Leopoldo Espinoza.

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© 2019 Tania Palacios Kuri